Antes de que cualquier fruta y hortaliza alcance el paladar del consumidor ha vivido una auténtica carrera de fondo que arranca en el laboratorio
El proceso que lleva a una fruta u hortaliza a estar presente ante el consumidor final es muy largo y depende de muchos factores y profesionales. Todo está estudiado al milímetro para que este proceso, sacrificado tanto en lo laborioso como en lo económico, se traduzca en un éxito sin paliativos. Esos entresijos son los que se desvelaron ayer en la mesa redonda 'Del laboratorio a tu mesa', en la que participaron los investigadores del CSIC, Juan de Dios Alché y Ricardo Aroca; la responsable de proyecto estratégicos de Tecnova, Guadalupe López; el catedrático de Producción Vegetal de la Universidad de Almería, Miguel Urrestarazu Gavilán; el también profesor del departamento de Ingeniería la UAL,Francisco Domingo Molina Aiz, y el profesor del departamento de Biotecnología Molecular e Ingeniería Bioquímica de la Universidad Pablo de Olavide, José Manuel Monje Moreno.
Juan de Dios Alché ofreció a los asistentes una aproximación multidisciplinar al conocimiento, la respuesta de la planta y la evaluación varietal frente a situaciones como el estrés salino y la biofortificación en micronutrientes de cultivos clave para la economía nacional.
Como comentó, «la salinidad es un problema en nuestra sociedad y produce un gran efecto en las plantas. Tenemos carencias en distintos cultivos». Para afrontar los retos y problemas que hay en el campo, el investigador advirtió de que «necesitamos ríos de datos para determinar cuestiones prácticas en los cultivos».
Por otro lado, su compañero en el CSIC Ricardo Aroca disertó sobre el uso de microorganismos beneficiosos del suelo en agricultura.
En la agricultura actual, donde cada vez hay más restricciones en el uso de químicos (plaguicidas y fertilizantes) el empleo de microorganismos puede ser una alternativa real sustituta. En este proyecto, se usaron hongos micorrícicos y bacterias para mejorar el rendimiento de las plantas en condiciones de sequía y deficiencia en potasio.
«Los microorganismos son muy importantes para tolerar los efectos de la sequía en la planta», manifestó. Además, aludió a la importancia del «microbioma». En este sentido, indicó que «cada uno tiene sus microorganismos y sin ellos no seríamos nada y a las plantas les pasa igual. Sin sus microorganismos ni van a crecer ni van a producir igual a como deberían».
Por su parte, Guadalupe López, que habló sobre las 'Estrategias de mitigación para el control de enfermedades virales emergentes'. «Llevamos 25 años trabajando en toda la cadena de valor de la agricultura. Trabajamos en mejorar la vida útil de los productos que llegan al frigorífico del consumidor».
Como comentó, desde Tecnova «ayudamos a empresas y trabajamos en los retos que les están llegando. Entre otras cosas, desarrollando emergencias para las virosis emergentes». En su compañía han trabajado frente a diferentes tipos de virus, si bien en lo que más han profundizado es en el virus del rugoso y en el nueva delhi.
De otra parte, el profesor Miguel Urrestarazu de la Universidad de Almería disertó sobre 'Tu invernadero conectado y eficiente: cómo la IA y la digitalización impulsan la producción y cuidan de ti y del medio ambiente'
«Sabemos mucho de las plantas, pero se ha avanzado poco». Así de rotundo se expresó para añadir que «hay fundamentos que no han variado y los errores se siguen cometiendo desde un punto de vista técnico».
Urrestarazu apuntó que «en las últimas décadas ha habido grandes avances en fertilización y riego que ha dado lugar al fertiriego. En este asunto sí que se ha avanzado mucho».
Hizo hincapié el docente de la UAL en que «se está utilizando mucho lo eficiente que es hacer más por menos». Y ello porque «los costes antes importaban menos porque la agricultura era muy rentable y ahora ya no lo es tanto. Ahora hemos entrado en la economía circular». Y no solo eso sino que con la aplicación de la tecnología «ahora ya se toma información en tiempo real para la adopción de decisiones de forma instantánea».
Su compañero en la UAL, Francisco Domingo Molina, habló sobre la 'Mejora de la resiliencia de los invernaderos al cambio climático mediante la digitalización y la optimización del control climático'. «El incremento de la temperatura por la concentración de CO2 en particular en los invernaderos está haciendo que en los últimos años haya subido mucho», comentó. A su juicio, «hay que mejorar la presión de plagas y enfermedades» para lo que «necesitamos la resiliencia por adaptarnos y para ellos trabajamos en mejorar los sistemas de control climáticos con sistemas pasivos y activos». En esta labor está tomando especial relevancia la digitalización a través de la implantación de sensores, la monitorización de plagas, el empleo de datos con IA y el uso de gemelos digitales. Con éstos lo que se hace es generar diferentes modelos con los que afrontar un problema de cara a encontrar la mejor solución. Destacó el modelo de trabajo CFD por el que se divide el invernadero en «trocitos para ver las diferentes variables en cada actividad para validar modelos y así controlar la distribución de temperatura, radiación, humedad...».
Por último, Juan Manuel Monje se centró en 'C-elegans, un pequeño gran aliado'. Y para ello hizo una pregunta: «¿Qué necesita una idea prometedora para convertirse en valor añadido?». La respuesta la dio el mismo: «Necesita una evidencia científica que soporte la idea». Para ello hay que investigar en seres vivos y para ello uno de los mejores conejillos de indias es el c-elegans. Un pequeño nemátodo que es «sencillo, barato y con un ciclo de vida muy corto», lo que permite ensayos de longevidad con resultados en un mes. «Compartimos el 40% de los genes con un nemátodo y con ellos podemos estudiar todo tipo de enfermedades», sentenció.